El secreto encanto de la Mona Lisa
Carol Komadina Parenteau (*)Las referencias a la Mona Lisa en la película La sonrisa de la Mona Lisa y en El Código da Vinci son sólo las últimas manifestaciones del encanto de la Mona Lisa—el retrato de una dama renacentista pintado por Leonardo entre los años 1503-1506 también conocida como la Gioconda. ¿Pero qué atractivo tiene la imagen de una mujer desconocida disecada en un panel de madera en el Louvre?
En la película, protagonizada por la actriz Julia Roberts la sonrisa de Mona Lisa sirve como metáfora para proponer el argumento del film—detrás de la sonrisa sumisa y complaciente de las mujeres hay mucho más. El Códico da Vinci por otro lado, va más allá de la sonrisa. De acuerdo al autor Dan Brown, el nombre “Mona Lisa” esconde el nombre del escudo de armas de una secta secreta a la que da Vinci perteneció; supuestamente la misma sociedad protectora del Santo Grial. Esta clave, que impulsa la narración de la novela, comienza en las salas de exposición del museo del Louvre.
A pesar del misterio que conjura la Mona Lisa en la novela, ver la pintura en el Louvre de Paris no es siempre la experiencia romántica que uno tiende a imaginar. Batallar la multitud de turistas de todo el mundo que se turnan para ver el retrato puede más bien conseguir borrarle a uno la sonrisa. La experiencia se acerca más a una peregrinación religiosa que a una experiencia estética de índole contemplativa, aunque sólo se hayan caminado dos de los demasiados kilómetros de galerías del museo.Comúnmente el público se desilusiona con el tamaño del cuadro—mide sólo 77 cm. x 53 cm. ¿Será que la fama le queda enorme? ¿O será que se achica porque está expuesto entre obras de tamaño monumental? Algunos comentan que el vidrio que protege la obra le quita el chiste o impide ver el detalle del cuadro. La misma cara de la Mona Lisa no incita grandes reacciones de asombro o admiración.Lo cierto es que hoy, la belleza renacentista de la Mona Lisa palidece junto al glamour hollywoodesco de Catherine Zeta Jones. Ver la Mona Lisa en persona también puede ser decepcionante para quienes absorbieron la noción popular de que la Mona Lisa es sinónimo de arte. Para el espectador contemporáneo, entonces, el encanto de la obra no reside en la superficie del panel pintado por Leonardo, sino en el misterio que han creado la combinación de varios aspectos relativos al retrato. Películas y libros sobre la Mona Lisa o sobre da Vinci añaden al enigma incrementando el interés. El Código da Vinci ha aumentado dramáticamente el número de turistas que acuden al Louvre. La exposición de manuscritos de Leonardo en el Museo Metropolitano de Nueva York, el pasado año, ha hecho otro tanto por la fama de da Vinci y por la totalidad de su obra.
Esto no significa que la Mona Lisa carezca de valor estético intrínseco, pero que caben recalcar
las cualidades formales y técnicas de la obra en el contexto de su época para poder apreciarlas. Durante el renacimiento la Mona Lisa fue admirada por su naturalismo sin paralelo, una cualidad que se pierde en el sujeto moderno acostumbrado a los poderes de reproducción de la cámara fotográfica. El éxito de este naturalismo se atribuye a la técnica de sfumato inventada por Leonardo que consiste en desdibujar los contornos de la figura mezclando los colores cuidadosamente para que no queden rastro de línea. Aunque se dice que el rostro de la Mona Lisa ha sido altamente idealizado por Leonardo, las proporciones, composición, perspectiva atmosférica, claroscuro y otros detalles del cuadro muestran un rostro que podría ser real. La fama de la Mona Lisa está inextricablemente atada a la de su creador—el hombre renacentista por excelencia. La inteligencia, creatividad y genio de Leonardo son legendarias. Entre sus más valiosas obras no están solo sus pinturas sino también los textos que escribió en su característica escritura invertida, la que se puede leer cuando se la refleja en el espejo. Los temas que abarca da Vinci varían desde las observaciones más precisas que hace sobre la naturaleza, hasta los garabatos que dibuja en los bordes de las páginas. Leonardo incluye esbozos y notas sobre anatomía, arquitectura, cartografía, botánica, ingeniería civil, armamento, matemáticas, aeronáutica y mucho más.La identidad de la modelo de da Vinci es otro enigma que aumenta el interés por la Mona Lisa. Especulaciones al respecto abundan. Una de las teorías sugiere que la Mona Lisa es el retrato de la famosa y bella patrona de las artes, Isabel de Este; otra mantiene que la dama era la esposa de Francisco del Giocondo, un hombre
adinerado con un cargo político en Florencia. Quizá la idea mas fascinante contiende que la Mona Lisa es el autorretrato del mismísimo Leonardo.La Mona Lisa adquirió fama mundial en una manera convencional—mediante el escándalo y la intriga. En 1911 un artista italiano, considerado algo loco, robó la pintura para devolverla a su país de origen. Entre la lista de sospechosos estaba el poeta Guillaume Apollinaire, quien alguna vez comentó que se debería incendiar el Louvre. Se recuperó La Gioconda dos años después y la cotizada imagen volvió al Louvre con gran pompa.Hay quienes se burlan de la Mona Lisa, entre ellos los artistas Salvador Dalí, Andy Warhol y Marcel Duchamp. Dalí pintó su autorretrato —con bigotes y todo—en el traje y el paisaje de la Mona Lisa. Warhol, en el característico estilo impersonal del Pop Art multiplicó la imagen de la Mona Lisa en colores primarios con la técnica comercial de serigrafía. Duchamp, en el irreverente estilo Dada garabateó una pequeña reproducción de la Mona Lisa añadiéndole bigotes y barba de chivo, titulándola L.H.O.O.Q. Pronunciadas en francés, estas iniciales suenan a algo así como “ella tiene un buen trasero”.
Una búsqueda de imágenes en Google revela una cantidad asombrosa de variaciones de la figura de la Mona Lisa, confirmando no sólo su fama e infamia, pero la asombrosa capacidad de mantener su identidad original a pesar de soportar la desfiguración y crítica, así como el homenaje y la admiración. Si hay algo que se puede acertar después de quinientos años de tratos y maltratos del retrato—es simplemente—que la que sonríe siempre, sonríe mejor.(*) Carol Komadina Parens escribe sobre temas de la cultura visual. Es boliviana, actualmente residente en Colorado, EEUU.
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